Cuando trato en mis posts acerca de la importancia de los Liderantes, en “el juego” del Liderazgo, me refiero a la innegable jerarquía de la Exigencia. Es que tenemos que tomar conciencia de que no existen Líderes genuinos si no hay legitimación por parte de los Liderantes. Son estos quienes tienen el deber de exigir el cumplimiento de los compromisos acordados.
En el día de hoy, el periódico La Nación de Buenos Aires, Argentina, en la sección de opinión de los lectores, publica una carta que resulta más que elocuente respecto de este trascendente concepto.
No hay nada mejor que acudir a los ejemplos de la vida diaria. El texto de esta carta, publicada por La Nación, nos lleva percibir la real dimensión de la exigencia liderante, aplicable en cualquier tipo de organización.
Cuando los supuestos líderes se desmadran del cumplimiento de los acuerdos por los que le fue conferida la función, y uno cree que ya nada puede hacer, debemos recordar que son los liderantes los responsables de hacer uso de la función “reconstitutiva”. No olvides que la legitimidad conferida, es la sangre que nutre al líder. Y esto es válido para organizaciones de estado, empresariales, eclesiales o para la mismísima familia.
Leyendo la carta de marras, recordé aquello de Ortega y Gasset: “Argentinos… a las cosas!” Vayamos al texto de la carta. Vale la pena compartir lo que allí expresa el Ingeniero Julio Ranea Arias:
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