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¿Vocación y Proyecto Personal?

Publicado 8 jun 2009

puzzle1No suelen ser demasiados los que se miran en el espejo de su vocación a la hora de lanzarse a la carrera gerencial. ¿Es que se llega a ser gerente porque uno tiene vocación de serlo o porque a uno lo nombran gerente? Como me dijo un ingeniero en un congreso de management: “Uno se desempeña como gerente cuando alcanza un determinado nivel dentro de la estructura de la organización”.

Para éste ingeniero, y para muchas otras personas más, ser gerente se sintetiza en el hecho de formar parte de un cierto nivel en la estructura y, en consecuencia, operar luego como tal. Detengámonos en el tema de la “vocación para ser gerente” y veamos cuán importante, o no, resulta buscar clarificar este aspecto.

Datos relevados
Entre los más significativos que he observado en el estudio que realizamos con mi equipo acerca de las tendencias en el comportamiento gerencial, encontramos que aproximadamente un 96% de los ejecutivos consultados respondieron: “no darse, ni haberse dado suficiente tiempo para pensar acerca de las coincidencias que pudieran existir entre su proyecto personal laboral y los planes de acción de la empresa en la que se encuentran trabajando”. “Esto es un trabajo. Uno es evaluado por los resultados que logra” fue la respuesta casi común de los encuestados.

 Todo parece indicar que la función gerencial es percibida como un “título” que se alcanza dentro de la estructura de las organizaciones. Como en apariencias es prácticamente el único camino para crecer en lo económico, todo parece conducir a tener que aceptar una simple relación de costo/beneficio: “si deseas ser gerente, tómalo y aguanta”.

¿Qué significa ser gerente?
Es posible que si se le pregunta a cualquier persona qué significa ser abogado, ingeniero o médico,  pueda responder con propiedad ya que son profesiones muy conocidas. Ahora, si se cambia la pregunta y a las mismas personas se le interroga sobre: ¿qué significa ser gerente?, es posible que se encuentre en dificultades o respondan con un estereotipo a la manera de María Elena Walsh (aquello del avión al sillón…). No hay una “tipificación” unánime o suficientemente conocida de este, hasta ahora, “quehacer”. Consecuentemente no resulta sencillo tener vocación por aquello que no se conoce suficientemente bien. Esto me hace recordar a aquellos años (65/66!) cuando yo comenzaba  Administración de Empresas y debía explicar a mis amigos “qué era eso” que estaba estudiando. Los más jóvenes podrán reírse hoy de esto, pero créanme que es lo mismo que si les preguntara en la actualidad respecto qué es lo que realmente hacen los Ingenieros en Bioinformática, o los Geoquímicos Ambientales, o los Técnicos en Ofimática.

Las profesiones más conocidas, para llegar a serlo, debieron recorrer un largo camino acumulando experiencias. Si nos remitimos a la medicina, por ejemplo, podrá recordar que fueron los egipcios quienes hicieron los primeros intentos conocidos en el tratamiento organizado de las enfermedades. Como no entendían los orígenes, recurrían en primera instancia a los poderes de la magia y la hechicería para llevar alivio a los enfermos (me alegro de vivir en ésta época!). Luego realizaron observaciones y definieron algunos procedimientos quirúrgicos. Allí aparecieron Hipócrates y sus discípulos, quienes se adentraron en el estudio de la anatomía humana a través de la práctica de disecciones y pruebas de ensayo y error. Como resultado de todo ello, la medicina concibió la sistematización de los primeros protocolos de abordaje a las diferentes dolencias aprovechando y haciendo síntesis de la experiencia. No puedo dejar de pensar en cuántos de nuestros antepasados fueron “destripados” por aquellos infatigables investigadores quienes, con inteligencia, tesón y dedicación, lograron ordenar los conocimientos y prácticas para luego convertirlos en una profesión.

Transcurrieron veinticinco siglos desde que Hipócrates se inició en la búsqueda de los “porqué de” la anatomía humana, hasta que se logró sistematizar la profesión de médico como formación académica. En lo que respecta al homus gerente, es de esperar que no se requieran tantos siglos para cambiar el accionar amateur y pueda ser reemplazado, cuanto antes, por el desempeño profesional. Es que las prácticas gerenciales basadas solamente en habilidades personales, buena voluntad y velocidad de reacción llevan también a “destripar” gente, ilusiones, empresas y proyectos. Y éste no es un tema menor.

¿Qué significa ser gerente? La respuesta a esta pregunta será objeto de la próxima propuesta que haré en el blog. Por ahora prefiero poner a su consideración los aspectos preliminares. El objetivo es simple: Resulta claro que gerenciar no es una tarea o “un nivel” alcanzado dentro de la estructura organizacional. Por otro lado, si la gerencia es una profesión (aunque no lo hayamos advertido aún) se hace necesario reflexionar respecto a que a ella, por lo general, se llega por “el nombramiento” de quienes ven en determinadas personas cierto potencial. Pero es que esas personas ¿tienen vocación para desempeñarse como gerentes?, ¿conocen lo que ello significa, más allá de las mieles y el encanto de los correspondientes beneficios?…

Al respecto, recuerdo que hace ya unos años atrás, estaba desarrollando un seminario sobre temas gerenciales invitado por la Cámara Juniors de Comerciantes de Ushuaia cuando recibí una pregunta por parte de uno de los asistentes que inquirió: “…vayamos a lo práctico, ¿qué es para usted ser gerente? ¿qué es lo que Ud. sugiere que debe conocer o dominar concretamente desde el primer día un gerente? Se lo pregunto porque éste es un caso de necesidad real. La semana pasada fui designado gerente de…”. Pasada la sorpresa, nos reímos todos un rato festejando “lo directa” que había resultado aquella pregunta. Aquel muchacho sentía una urgente necesidad, fue directo al punto y comprendí que tenía razón. Percibió la oportunidad y sabía que si en ése momento lograba tener claro cuál era el camino a recorrer, todo le resultaría más sencillo, por lo menos en sus comienzos.

Aquella pregunta, que en ese momento “sonó como demasiado brusca”, me enseñó que muchas personas no llegan a hacerse ese planteo tan directo. Desde entonces he adoptado una forma de presentar el tema que, depende en qué momento de la charla resulta más conveniente utilizar,  la expongo diciéndoles a los presentes: “No importa si ustedes son gerentes o directores con poca o gran experiencia. Imaginemos, que uno de los presentes ha sido nombrado gerente por primera vez y se va a hacer responsable mañana de determinado sector de la compañía. ¿Qué protocolo de acción utilizaría desde el primer momento en que se haga cargo de esa responsabilidad?”. Créanme que la gran mayoría , en ése momento, trata de ensayar su respuesta (no es que la tengan, precisamente). Para quienes aspiran a ser gerentes profesionales o para aquellos que son actualmente gerentes, creo que es absolutamente necesario encontrar las respuestas a tales preguntas. En la próxima nota, en éste blog, quiero compartir mi propuesta y visión sobre el tema y ponerlo a consideración. Mientras tanto déjeme decir por qué insisto en darle a “la gerencia” un perfil profesional. Créanme que es asombroso pensar los millones y millones de pesos que se confían a personas que siendo ingenieros, abogados o lo que fueren, los administran de “la mejor manera” que creen. ¿Es que usted le confiaría un importante caso penal a un ingeniero que considera hábil para ello? o para no ir tal lejos, ¿dejaría su vesícula en manos de un conocido abogado que ha trabajado en un hospital?

Me podrá acusar de hacer preguntas estúpidas! Pero primero le pido que piense que no estoy diciendo que no sirva ser ingeniero, abogado, médico, o hechicero para ser gerente. Lo que estoy queriendo decir que es vital, más allá de la profesión adquirida, ser Gerente Profesional para manejar organizaciones empresariales. La tremenda competitividad de este nuevo mundo globalizado no da ya lugar para sustentar negocios en las solas habilidades personales. Quienes visualicen a la gerencia como una profesión, podrán entonces indagar en la vocación, el potencial y el proyecto personal de quienes aspiran a “ser gerentes”. Esto les permitirá examinarse respecto al grado de coincidencias existentes entre los aspectos personales (vocación y proyecto) y los planes de la empresa. Hacerlo permite prever y apreciar objetivamente el grado de compatibilidad de las partes y la calidad de los resultados futuros.

¿En qué consiste la Vocación?
Nos interrogamos por nuestra vocación, por cómo obrar nuestro propio ser. Generamos así un proceso continuo de autogestión, en el que vamos forjando nuestra propia identidad. La sucesión de preguntas y respuestas nos permite descubrir la propia vocación, inducidos por nuestra personalidad, nuestro potencial y las exigencias del entorno.  En ésa búsqueda, el conocimiento de las “necesidades del mundo”, el tipo de conocimiento disponible, y la potencialidad de cada uno, se encuentra la vocación. Ir por ella, buscarla, encontrarla, desarrollarla, ejercerla, modificarla, reobrarla, eso es ejercerla. Es un ejercicio de vida.

Resulta duro pensarlo, pero es tremendamente frustrante  dedicarse durante toda una vida a una ocupación, si no llegó a considerarse antes el grado de interés y vocación para realizarla. Y no hay plata que pague esto. Por lo contrario, resultará altamente gratificante encontrar que allí, en la particular acción de gerenciar, está puesta la vocación y el camino escogido para el progreso en la vida.

Puedo decirles que son muchas las personas que he conocido, que desempeñándose como gerentes y directores de empresas reconocidas, no tienen vocación para ello y hoy se encuentran “atrapados” por una situación de vida compleja de resolver! Este no es un tema menor.

¿En qué consiste el proyecto personal?
Se trata de un plan de vida que detalla el cuándo, cómo, con quién y con qué recursos se alcanzará la meta personal y profesional más elevada. Es ése ejercicio de vida al que me refería en el punto anterior. El proyecto personal se define en función de la vocación y de las capacidades personales.

Consiste en analizar cuáles son las “Capacidades Personales” necesarias para gerenciar y en qué grado se poseen, detalladas con profundidad en libro El desafío de dirigir (Francisco Lehmann, Homo Sapiens 2004: págs.88-91)      Son cualidades condicionantes en el ejercicio de la gerencia, y que todos tenemos en mayor o menor medida. Nuestro trabajo como seres humanos es identificarlas y potenciarlas. De esta manera, quien está pensando en estudiar abogacía reverá su capacidad de memoria, concepción de la justicia, etc. Quien analiza estudiar medicina para ser cirujano considerará, entre otras, la capacidad para tomar decisiones, su serenidad ante situaciones de alta complejidad, etc. Del mismo modo, para formarse como Gerente se hace necesario un análisis personal referido a las capacidades que le son requeridas en la profesión.

Si no tiene una estrategia de vida (su Proyecto Personal), seguramente será parte de la estrategia de otro. Si bien la mayoría de los dirigentes consideran tener claras sus metas, un alto porcentaje de ellos, en realidad, están trabajando en pos de “deseos” más que tras objetivos personales concretos. En los relevamientos de tendencias gerenciales que efectuamos durante años continuamos observando que en más del 98% de los casos encuestados, los gerentes no acostumbran a formalizar por escrito, aunque más no sea para ellos mismos, sus proyectos personales. El no formalizar un plan de acción que responda a las clásicas preguntas: ¿quién, cómo, dónde, cuándo y con qué recursos lo hará?,  ”permite hacerse trampas en la mente”, esgrimiendo mil motivos para poder excusarse luego, si no fueron alcanzadas las metas propuestas. Nadie, salvo la propia conciencia, se enterará de ello y así seguirá escabulléndose el tiempo.

Elaborar y tener por escrito un Proyecto Personal formal permite al gerente contrastarlo en forma práctica y efectiva con el Plan Estratégico de la empresa. Las coincidencias, en más o en menos, surgidas entre “ambos proyectos” serán esclarecedoras con respecto a las probabilidades de crecimiento y potenciación de las partes. Dicho de otra forma, si los gerentes no se dan el tiempo de reflexión necesario para poner en claro sus propios proyectos, corren el innecesario riesgo de quedar, más adelante, involucrados en un plan empresarial aparentemente interesante, pero cuyos requerimientos terminen resultándoles poco atractivos o movilizadores. Y éste no es un tema menor.

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Con seguridad usted conoce personas que le han comentado que no se sienten cómodas en la empresa en la que se encuentran trabajando y las razones generalmente suelen dar son: “no coincido con los valores esenciales o con los proyectos de la compañía o con la forma en que allí se hacen las cosas”. Posiblemente, una de las dos partes, empresa o persona, puede haberse equivocado en el momento de la selección o pueden también haberse producido cambios en el entorno original. Sea por la razón que fuere, a esa altura de los acontecimientos se puede decir que “se ha producido un desvío respecto a lo esperado originalmente”. La pregunta clave en ese caso es: ¿qué esperaban ambas partes, una de la otra? Las empresas organizadas lo tienen expresado por escrito en su Plan Estratégico. Si usted ha realizado anticipadamente el ejercicio de analizar y poner también por escrito su Proyecto Personal, contará entonces con un referente concreto para tomar decisiones objetivas y así reducir el riesgo de desagradables “sorpresas”. Si logra expresar en forma ordenada y concreta cuál es su potencial personal y a dónde tiene como objetivo llegar, se hará relativamente simple pronosticar si la situación podrá o no resultar conveniente. En definitiva, el concienzudo desarrollo de un proyecto personal y laboral se constituye en el mejor referente para conducir hacia el puerto deseado, su carrera profesional. No considerarlo es como navegar sin instrumentos en mares desconocidos.

Para los profesionales, la definición del Proyecto Personal constituye una brújula en el turbulento mar empresarial y personal. Pero también resulta clave para las empresas, ya que permite comprender si las personas podrán adherir fehacientemente a los planes de la organización. Se trata de una forma muy efectiva de reducir posteriores sorpresas.

Creo que este es un buen punto de partida para conversar entonces sobre “la profesión de gerente”. Qué opina?…

Publicado por Francisco Lehmann
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