¿Qué significa ser eficiente?
Hacer las cosas, mejor que el otro
En este mundo tan competitivo, hacer el mejor trabajo, es ya un paso hacia un rendimiento superior, hacia el “ser eficiente”. Es hacer el trabajo mejor que aquel con el que se compite o puede llegar a competir. Y en un escenario de alternativas permanentes, hacerlo mejor, significa establecer una diferencia entre uno y otro: hacerlo mejor estableciendo una diferencia comparativa sustentable.
La competencia, mal que nos pese, exige hacer un trabajo mejor que el de los demás, procurando establecer y mantener ventajas competitivas sustentables.
Tres variables a tener en cuenta
Aunque mis amigos contadores “me maten” por el comentario que hago aquí, los beneficios del negocio son aquellos que resultan de la diferencia entre los costos de producción y los ingresos conseguidos por las ventas. Y estas son las variables básicas que se manejan en toda estrategia de eficiencia: se puede vender con mejores precios u operar con costos bajos. Parecería que esta ecuación, sencilla, no da demasiado espacio para otras alternativas. Pero, como se sabe, con mucha frecuencia olvidamos la tercera variable: “el poder que tiene el consumidor” y cómo juega esta en su combinación con las otras dos. La estrategia exige diferenciar lo que se hace (con mejores precios o bajos costos) para que (el poder del consumidor) perciba la diferencia y distinga de entre los demás.
En procura de mantener esa diferenciación se generan entonces barreras reales o perceptivas que buscan retener al cliente. Las patentes son clásicas barreras reales erigidas con tales propósitos. Tal es el caso de determinados medicamentos a los que, para cubrir los costos de I&D, se les concede ciertos tiempos de protección legal que impiden que la competencia pueda copiar la misma fórmula y lanzarla simultáneamente al mercado. Básicamente el objetivo consiste en cómo crear valor diferencial que los competidores no puedan, o les resulte extremadamente difícil, copiar. A partir de este concepto, otras barreras trabajan sobre la percepción del cliente y se orientan a la creación de una marca que identifica al cliente con ella, haciéndola insustituible: ¿Coca o Pepsi?… Hay para unos y para otros. Otras barreras suelen ser físicas, por ejemplo, la televisión por cable, la distribución de agua, electricidad u otros fluidos.
Desarrolle su estrategia, no sea parte de la estrategia de otro
En este aspecto el pensamiento estratégico es de acción recíproca y reconoce la existencia de competidores y posibles aliados. Frente a este escenario resulta interesante tener en cuenta, al menos, algunos puntos vitales. Por ejemplo, uno es mantener una constante atención para comprender todo lo que sucede en el entorno e imaginar todas las jugadas posibles de los demás jugadores. Cada jugada observada debe ser vista como jugada propia y como factor reactivo ante estímulos recibidos y así sucesivamente.
Otro punto se refiere a mantener el valor económico de las cadenas y el cosmos de valor. La constante atención sobre este aspecto permitirá ver si la relación entre el costo y el valor percibido resulta apreciada. Esto se consigue analizando permanentemente el costo beneficio de cada parte constitutiva y su aporte de valor al mercado, en la relación del producto final ofrecido. Ni qué hablar del valor que aporta ponerse en los zapatos de los demás jugadores, procurar sentir como ellos y pensar como ellos. Recuerde que en esta dinámica las empresas no son, sino que se están haciendo constantemente.
De nada sirve lograr una posición si otros pueden copiarla fácilmente ofreciendo una alternativa superior. Recuerde que los grandes beneficios atraerán la atención de sus competidores. A todo esto se refiere Michael Porter en lo que él llama Modelo de las cinco fuerzas. Con el mismo identifica las fuerzas que deciden el atractivo de cualquier industria:
- La competencia del mercado
- La amenaza de nuevos participantes en el mercado
- El poder de los proveedores (asociados) en el cosmos de valor
- El poder de los clientes
- La generación de productos sustitutos
Es en función de la interrelación de estas fuerzas que las empresas tienden a generar “barreras de contención”. Esto, en movimiento constante, hace que cada empresa, no sea hoy la misma de ayer, ni tampoco la de mañana, auque “por afuera” se le parezca.
Cómo buscar la eficiencia desde adentro de las organizaciones
Dicen los que saben que la Eficiencia se la puede considerar de carácter “reactivo”. Está relacionada con la respuesta a la pregunta: ¿Cómo podemos hacer mejor lo que estamos haciendo? Mientras que la Eficacia es la respuesta a: ¿Qué es lo que deberíamos estar haciendo para lograr lo propuesto? y por lo tanto puede verse como “proactiva”.
La Eficiencia pone el eje en: Hacer las cosas correctamente, resolver problemas, ahorrar gastos, cumplir con las tareas pactadas. La Eficacia se concentra en: Los resultados, en hacer las cosas correctas, lograr los objetivos, crear valor.
En esta línea, el uso del Protocolo para la Acción de Dirigir (PAD), garantiza la eficiencia operativa de las organizaciones. Trabajando los puntos 1 y 2 que se detallan más abajo, los ejecutivos pueden lograr poner bajo control los aspectos previsibles de la gestión. Esto da como resultado la posibilidad de acceder al punto 3 y así lograr “espacio” para atender las necesidades del entorno interno y externo, y resolver las contingencias. Las fases del protocolo son:
1. Organizar los Procesos (todo aquello que pueda ser “sistematizado”)
2. Definir los Recursos necesarios para lograr las metas acordadas (Recursos Humanos, Productivos, Financieros y de Tecnología)
3. No quedar atrapado como “genio insustituible de la operación”. Como gerente no se le pagará por atender lo previsible (eso sistematícelo). Se le pagará por desarrollar “su espacio”, el espacio necesario para resolver las contingencias y crear condiciones de futuro
Es así, por este camino, que se logra entonces la Eficacia, con la atención puesta en la mejora continua de los resultados y permanente perfeccionamiento del cosmos de valor. Este camino lo llevará al trabajo de equipo, a la complementariedad dinámica, como sinónimo de saber que las empresas no son, sino que se hacen permanentemente. Y “ese hacer” no es otra cosa que la búsqueda constante del equilibrio entre la Eficiencia y la Eficacia. Concepto válido para los países, las empresas y todo tipo de organización que busque la excelencia.
Categorías: Competitividad,Management
Tags: Eficacia, Eficiencia, Management






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