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¿Cuántas veces quedamos desconcertados ante la “viveza”?

Publicado 26 ago 2010

Viveza es la habilidad para manejar los efectos que generan los problemas… sin resolverlos. Coexistimos con quienes la ejercen con solvencia, y muchas veces los hemos sufrido en cualquier tipo de organización. Podemos distinguir “al vivo” porque no ejercita la inteligencia sino el más confuso reemplazo de ella: la viveza. Ella es apta para entenderse y supervivir con las consecuencias del problema, y no para buscar soluciones al mismo. Es que para el vivo, ése es precisamente su terreno de acción, su zona de confort. En ella se mueve cómodamente en procura de manejar los efectos del problema volviéndolos beneficiosos para él. Se distingue porque, en la aparente búsqueda de la solución, lo que privilegia es la acción, y de ella vive.

La viveza se conecta necesariamente con la inmoralidad. Ocurre que sin el concurso del egoísmo no se puede “ser vivo”. Si se observa con atención a cualquier “avivado”, éste da la impresión de estar navegando permanentemente en el éxito y destacándose como sujeto inteligente. Pués no es así.

El “vivo” se desplaza entre los problemas, al parecer, sin padecer las consecuencias, inmune, sacándoles continuamente provecho. De allí que una visible característica del vivo sea su desasosiego. Así su particularidad distintiva, y terrible destino a la vez, es una constante actividad con total carencia de paz. Es que el flujo de los efectos constantes que genera no se interrumpe jamás, mientras le sea posible. El vivo no puede entregarse al ocio. De ahí que se lo suela calificar de “sujeto despierto y activo”. Aparenta gran sagacidad mental que engaña o confunde a cualquier observador superficial.

En las antípodas del vivo se encuentra el sujeto inteligente. Cuando éste último seriamente elucubra una estrategia para la acción, hace introspección. Aparenta entonces estar amodorrado y, en comparación con el vivo, luce un poco estúpido, demasiado lento. Es que el ensimismamiento exigirá del inteligente, paciencia y esfuerzo, sometiéndolo a un silencioso análisis crítico y constante repaso de sus conocimientos en procura de encontrar el camino que conduzca a la salida.

En comparación con la actitud del inteligente, el “vivo” no puede permitirse tales demoras. Necesita arropar situaciones de conflicto. Los efectos prácticos del problema no esperan mucho tiempo para hacerse sentir. En esa espiral de nunca acabar el vivo está obligado a la rapidez constante y a la improvisación de sus métodos, donde nuevamente “tendrá” que intervenir. Luego, si los efectos del problema a atender, por su magnitud o complejidad, le sobrepasan, el vivo, no se resignará ni confesará jamás su fracaso, generará nuevas situaciones enmarañadas poniendo en otros las culpas de lo sucedido. Podrá también reconocerlo porque el vivo siempre logra seducir a un grupo adlátere que pulula a su derredor. En algún momento, alguno de sus integrantes podrá convertirse en el fusible necesario.

Estos personajes co-existen en la Zona Política de todo tipo de organizaciones y desconciertan hasta al más avispado de los mortales. Para no perder claridad de visión, lo que no hay que hacer es confundir “estrategia con hinchazón”. El vivo comparte, con el inteligente, el dinamismo mental y la dificultad para encontrar la solución de los problemas. Lo que los distingue finalmente es la dirección que toman hacia la salida de los problemas. El vivo supervive en ellos mientras que el verdadero inteligente, traza un plan de acción hacia la solución. Una pista: se los distingue por las zonas de confort en las que viven usualmente.

Publicado por Francisco Lehmann
Categorías: Organización

5 Respuestas

  1. Mario Lopez - 30 ago 2010 |

    Comparto plenamente los conceptos del artículo. Desde mi punto de vista el mayor mal de este país es que ha sido gobernado casi siempre por vivos, que no solucionaron los problemas sino que se aprovecharon de ellos para acrecentar su zona de confort en forma desmesurada.
    Es acertada la apreciación que dice que la viveza camina por el mismo surco de la inmoralidad, aliada necesaria para concretar sus objetivos.
    Gracias por el artículo.
    Saludos,

  2. Francisco Lehmann - 30 ago 2010 |

    Mario, gracias por el comentario.

  3. Horacio Areco - 2 sep 2010 |

    Francisco:

    Estupenda la definición de la viveza cuando señalas que: “Ella es apta para entenderse y supervivir con las consecuencias del problema, y no para buscar soluciones al mismo “. El vivo lo sabe y es en ese terreno confuso y conflictivo en el que se mueve bien. La percepción popular lo delata, con brillante síntesis, cuando señala: ” A río revuelto ganancia de pescadores “.
    Las organizaciones son un magnífico campo de cultivo, en especial cuando se apartan de los objetivos que les dieron nacimiento. Es en ese momento cuando el vivo desplaza al inteligente, al estratega que mira el horizonte. El vivo está siempre analizando las ventajas que le puede brindar el aquí y ahora para nutrir su pecualiar individualismo. En general son permanentes detractores de los equipos de trabajo, pero no resulta fácil el detectarlos.

    Un especial abrazo.

  4. Jorge Rebagliatti - 23 sep 2010 |

    A lo largo de los años y del transcurrir en diferentes tipos de empresas, grandes, chicas, medianas, pymes, familiares y grandes corporaciones, siempre nos encontramos con estos personajes que saben muy bien disimularse entre el resto de los mortales para no quedar en evidencia, pero que tarde o temprano muestran la “hilacha”. Excelente la definición de ambos personajes de nuestra vida laboral cotidiana.
    Un abrazo

    Jorge Rebagliatti

  5. Francisco Lehmann - 23 sep 2010 |

    Jorge! Primero la alegría de saber de vos! Me alegra que te haya parecido interesante el post. Vos como especialista consumado en RRHH tendrás tantas experinecias respecto a estos personajes, no? Un abrazo

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