La decisión
¡Qué decidido es Fulano! decía Zutano, mientras Fulano pensaba: ¡qué decidido ni qué decidido, no tengo otra alternativa que definir esta situación!
Es que, cuando uno tiene que decidir, no queda otro camino que hacerlo, y esto no es otra cosa que decidir que debes decidir. Es que las decisiones no suelen admitir que uno se procure toda la información del mundo. Incluso, si uno pudiera acceder a todas las hipótesis, a todo el tiempo que cree necesario, a todas las alternativas que podrían dar por justificada su decisión, el momento de la toma de decisión, es un momento de impulso y audacia. Es arrojarse a un océano con la fe de haber escogido la mejor alternativa posible. Es llegar a pre-ver la actualidad ya modificada por la nueva alternativa. ¡Pavada de acción!
Hemos aprendido que decidir es un acto que requiere cierta razonabilidad. Y esto es cierto. Pero mucho también requiere de la audacia de arrojarse a la creación de un hecho inexistente, que desencadenará una nueva situación. Es crear una nueva perspectiva frente a la situación imperante intentando modificarla. Y para eso hay que creer. Y para creer no alcanza sólo la razón. Se necesita corazón, sentimiento, percepción, ponle el nombre que quieras. Lo que sí se, es que toda decisión no es un acto solamente racional de donde emerge una señal pura e indubitable. Tiene mucho que ver con una fórmula parecida a: 40% de razón + 60% de corazón.
Mucho se ha hablado y escrito sobre “la toma de decisiones”. Siempre como una secuencia ordenada del pensamiento. Y eso es verdad. Pero también es verdad que toda toma de decisión entraña una inquietante aventura en la que uno sabe que se modificará lo realmente conocido, a sabiendas de que de esa nueva circunstancia también habrá que hacerse cargo. En definitiva, es animarse a “la destrucción creativa” teniendo fe que la modificación de lo existente, vale la pena vivirla… y así sucesivamente.
¿Por qué sucesivamente? Porque el mapa que uno construye, o mejor dicho co-construye, es el resultado de una decisión personal que luego desparrama su efecto en el mar otras otras redes semánticas. Redes donde existen otras opiniones con las que se generarán una inextricable trama de inéditos cruces y renovadas circunstancias que impondrán la ocurrencia de nuevas y originales decisiones. Es sabio reconocer que uno sabe que ha de aprender todos los días a dejar de saber. A algunos, esto les asusta. A otros los incentiva. No es otra cosa que el resultado de tu propia decisión!
Categorías: Sin categoría






Dejar un comentario