¿Por qué está en crisis la Autoridad?
¿Qué nos está ocurriendo que se observa un claro temor de ejercer la Autoridad? En los diarios de todo el mundo aparecen fotos de usurpación de tierras en nuestro país y se comenta sobre la manifiesta indecisión de las autoridades para ejercer el orden ¿Qué sucede en las organizaciones empresariales que se observan indecisiones a la hora de ejercer la autoridad delegada? ¿Qué nos está pasando en las familias donde los hijos cuestionan la autoridad de los padres? ¿Qué ocurre en los colegios donde los alumnos deciden compartir las decisiones de cómo y cuáles deben ser los planes de educación? ¿Qué está ocurriendo que, casi sin darnos cuenta, comenzamos a confundir Autoridad con autoritarismo? ¿Será esto casualidad? ¿Qué podemos hacer?
El significado de Autoridad, es un tema que en la actualidad se ha transformado en materia de gran debate e intercambio de opiniones no siempre coincidentes. De hecho cuando hablamos de autoridad se produce, en nuestro cerebro, una conexión casi automática con el significado de su “primo lejano”, el AUTORITARISMO. Veamos entonces primero cuál es el significado de cada uno, según el diccionario de la Real Academia Española:
- Autoridad
En su primera acepción la RAE nos dice: Poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho. Y luego agrega: Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.
Sin dudas la definición remite a algo positivo, que hace bien. Es Poder delegado en quien / quienes se les reconoce prestigio y crédito por su legitimidad, calidad y competencia en una materia determinada. Se puede decir que es imposible que exista Autoridad si quien la detenta no posee crédito, prestigio, legitimidad, calidad y competencias para ejercerla. Veamos ahora el otro concepto
- Autoritarismo
Dice el diccionario de la RAE: Sistema fundado primariamente en el principio de autoridad. Actitud de quien ejerce con exceso su autoridad.
La definición de Autoritarismo, de por sí, remite a cierta desproporción de autoridad. Si bien puede tener su origen en un genuino acto de autoridad delegada, esta parece ser luego superada por un impulso por estar por sobre, o modificar, las circunstancias o las personas. El autoritarismo es claramente un exceso maniqueo.
Para conseguir una buena definición sobre las diferencias, uso las palabras del psicólogo argentino Miguel Espeche* que al respecto dice: “La Autoridad propicia el crecer. Busca que se despliegue el potencial de los otros hacia sus mejores expresiones, cumpliendo con lo que deben hacer para tal fin. Algo muy diferente de lo que el Autoritarismo propicia, que es violencia, porque en su espíritu late la intensión desprejuiciada de transformar al otro en objeto. El autoritarismo es camorrero; pretende instaurar el orden absolutista del impulso propio suprimiendo al otro”.
Pues hoy estamos en crisis. Crisis y confusión sobre la Autoridad y el autoritarismo. Crisis que se ve en el país, en las organizaciones, en la familia. Creo que hemos recorrido gradualmente un camino que nos ha llevado a confundir Autoridad con Autoritarismo. Por eso es tan importante “parar” y reflexionar. En la actualidad veo con horror que existe TEMOR DE EJERCER GENUINAMENTE LA AUTORIDAD. Por supuesto que el ejercicio de la misma siempre puede ser mejorado, pero a la AUTORIDAD no debemos suprimirla. Si ésta es legítima, posee contenidos de calidad y se tiene competencia para ejercerla, como dice también Espeche: la autoridad será el tutor que apuntalará el crecimiento de la planta, un faro que ofrece referencia a los navíos.
Todos sabemos que en las organizaciones empresarias es más sencillo ser “el jefe canchero” que propicia la ruptura de las reglas. Aquel que dice: “súbanse a mi forma de llevar las cosas” llevándose por delante procesos y normas establecidas. No digo que esto no resulte simpático, por el contrario, pero la función de autoridad debe ejercerse. Es imprescindible. Debemos reconocer (aunque no suene “políticamente correcto” expresarlo) que las organizaciones empresariales no son estructuras democráticas. Ellas tienen un fin determinado que debe alcanzarse, en una forma y tiempo determinado, y para que ello sea posible es que se practica el empowerment. Ese tan mentado “empoderamiento” que va derramándose gradualmente en los diferentes niveles de la organización donde cada participante necesitará entonces identificar y encontrar los límites de su propia autoridad y la de los demás. Es de esa manera en la que todos pueden encontrar a “su otro” en el cual apoyarse legítimamente para aprender y crecer.
Hagámonos cargo de la autoridad que nos compete. Recordemos que para ello se necesita: prestigio y crédito que se reconoce a una persona por su legitimidad o por su calidad y competencia en la materia. Que esta actualidad desordenada que nos circunda no logre confundirnos más. Ejercer la AUTORIDAD, bien entendida, es una responsabilidad que resulta imprescindible asumir para dar cauce a toda la potencialidad de cada uno de los que conforman equipos de trabajo.
No nos dejemos llevar, en todos los órdenes de la vida diaria, por quienes, con premeditación, hacen de la autoridad, sinónimo de autoritarismo.
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*Miguel Enrique Espeche es Licenciado en Psicología y especialista en Vínculos Familiares. Ejerce como psicólogo clínico y realiza conferencias y talleres vinculados a temas diversos. Desde el año 1998 es Coordinador General del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano en Buenos Aires, Argentina.






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